viernes, 7 de febrero de 2014

Mi sumisa

Sumisa mía…
Mi sumisa, así te llamo porque así eres, así lo has decidido tú, te pienso y así te concibo, mi sumisa, porque tú lo has querido,  llena de sentimientos, llena y grandiosa.
Eres mi sumisa, porque tú recorres conmigo ese camino que yo ilumino para ti. En ti pienso, en ti confió y a ti te veo en mi presente y en mi futuro.
Llamarte sumisa, es saber que me perteneces, que te entrego palabras de ilusión y hechos de felicidad.
Y yo soy tu Amo, aquel que te da todo y sólo te quita tristezas, quien te da la mano para que entres a mi mundo y a la vez yo entrar en el tuyo.
Eres mi sumisa, no me fallarás, no me traicionarás, no me dañarás.
Y sumisa no es sólo una palabra, es entrega, son promesas, son planes y son mil momentos de compartir llantos y sonrisas.
Mi sumisa del alma y mi fruta de pasiones, el alma que acompaña mi alma, la sangre que acaricia mi sangre, mi sumisa, mi sueño hecho realidad, mi sumisa... mi amor, cuando la vida te juegue una mala pasada yo estaré a tu lado para que lleves mejor la carga, cuando estés vencida y no encuentres paz… yo seré esa luz que alumbre tu senda y contigo estaré.
Sumisa, mi bella y hermosa sumisa, tu voz, tu piel, tu ser, tu luz, tu sombra… todo es mío. Cuando andas o reposas cuando cantas o duermes, cuando sufres o sueñas, siempre. Cuando estás cerca o lejos… siempre serás mía mi sumisa, ¡siempre!

Amilcar